educación a contrapelo

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Entrevista en torno a “Escuela o Barbarie”

En CTXT publican, ligeramente reducida, la entrevista que nos hizo Salvador López Arnal a los tres coautores en torno a algunas cuestiones que tratamos en Escuela o Barbarie. Puede leerse aquí.

Escuela o Barbarie. Libro publicado.

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Ya ha salido a la venta el libro que hemos escrito entre Carlos Fernández Liria, Olga García Fernández y yo. Veremos que recepción tiene y si conseguimos que el debate sobre educación se aleje de los tópicos insulsos y las recetas homeopático-pedagógicas que tanto éxito parecen tener entre la opinión pública. Aquí planteamos una defensa de la escuela pública desde los principios ilustrados, empezando por discutir el concepto de escuela como “aparato ideológico de Estado” y una crítica a la pedagogía como presunta “ciencia” del “enseñar a enseñar”. Denunciamos la mercantilización de la instituciones educativas y las complicidades entre cierto discurso pedagógico y los planes de los grandes lobbys patronales que se materializan en normativas, leyes y recomendaciones de organismos internacionales. También reivindicamos el papel de la Filosofía como nervio fundamental de un sistema educativo público digno. Aquí dejo el índice:

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9M: La huelga, el pacto, la traición y el desarme.

Artículo publicado en Rebelión y en TuAlbacete, a los que agradezco su amabilidad al publicarlo, y cuyo contenido reproduzco a continuación:

En el excelente documental Omega, que conmemora la edición del -también excelente- álbum homónimo, Enrique Morente pronuncia en un momento dado las siguientes palabras: “Hay que hacer cosas para molestar. Molestar es muy necesario. Si no aquí somos molestados solamente. Y eso no puede ser”. Pues bien, este artículo pretende precisamente eso, molestar; cuanto más moleste y a más gente, mejor. Y dicho esto, vamos ya con el asunto a tratar.

El próximo 9 de marzo hay convocada una huelga general educativa por parte de la denominada Plataforma Estatal por la Escuela Pública (en adelante, PEEP), que reúne a los principales sindicatos, asociaciones de padres y de estudiantes situadas en algún lugar del espacio ideológico convencionalmente denominado “izquierda”. Cabe entender que en el fondo de la convocatoria alienta la voluntad de influir en los trabajos de la subcomisión parlamentaria que debe sentar las bases para el tan esperado y presuntamente necesario “pacto educativo”. Los motivos explícitos de la convocatoria, como la reversión de los recortes, el aumento de financiación pública, la derogación de la LOMCE, un sistema de becas que garantice la igualdad de oportunidades o la eliminación de las contrarreformas universitarias, son todos ellos más que legítimos y, desde luego, defendibles y loables. Sin embargo, aunque sea muy necesario apoyar la convocatoria de huelga y sería, sin duda, muy deseable que esta fuera un éxito rotundo, no podemos dejar que ello impida una mirada más profunda a lo que nos estamos jugando en estos momentos en el terreno educativo y, por ello mismo, como sociedad.

Desde que se inició el movimiento social que ha venido en llamarse Marea Verde, un movimiento desde abajo que involucró tanto a docentes como alumnado y familias y que dio lugar a asambleas concurridísimas en todo el territorio del Estado, los sindicatos mayoritarios (autodenominados “de clase”) hicieron todo lo posible por frenar, boicotear y controlar y, finalmente, apropiarse de dicho movimiento. Hay que recordar que, allá por el año 2011, tanto Comisiones Obreras como UGT contraprogramaban los actos convocados por las asambleas, se mostraban remisos a convocar las jornadas de huelga que éstas les solicitaban (al no tener como asambleas entidad jurídica para ello), y, en general, jugaban, con la maestría que da la experiencia, al sí pero no con la esperanza de que la cosa se enfriara y volvieran a ser ellos los que llevaran la voz cantante, propósito para el cual se creó la PEEP. Que ninguno de esos sindicatos va a hacer nunca nada que ponga en peligro sus ingresos por subvenciones estatales (con el servilismo y domesticación que ello conlleva) y, con ellas, las poltronas de sus respectivas cúpulas, que han ejercido hasta ahora de sostén del régimen, es algo que no escapa a cualquier observador mínimamente perspicaz. Constatar que con ello traicionan de hecho lo que de palabra dicen defender tampoco debería sorprender (ni molestar) a nadie que no pertenezca a las citadas cúpulas, aunque seguramente lo hará.

Otro de los convocantes, CEAPA (tan próxima al PSOE en tantas ocasiones), convocó hace no mucho a las familias a realizar una inoportuna huelga de deberes ya que, por lo visto, estos generan un sufrimiento intolerable a las propias criaturas, que no pueden ser felices si tienen que esforzarse en casa por aprender algo o afianzar lo aprendido en clase. Nada de plantearse si la cada vez más extendida costumbre de que sean los padres los que hacen los deberes de sus hijos beneficia a éstos en algo. No. Los malos somos los docentes que los torturamos con deberes. Que los niños adquieran hábitos de trabajo y de estudio en casa no es importante; lo importante es que sean felices, aunque se trate de esa felicidad idiota y mentecata que los convertirá en seres perfectamente manipulables. Hace tiempo que las familias (y vaya por delante que todas las generalizaciones son injustas) claudicaron en sus cometidos educativos y se los endilgaron a la escuela (y ¡ay! a la televisión), a la que se carga cada vez más con la responsabilidad de solucionar todos los problemas imaginables. Decir que buena parte de lo que se juega en la educación de la infancia y la juventud es responsabilidad de las familias y no de la escuela, que tiene, desde luego, sus responsabilidades propias en el asunto (entre otras, servir para que los hijos tengan una oportunidad de librarse de los prejuicios de sus padres y sean personas instruidas y autónomas), tampoco debería molestar a nadie, pero seguramente lo hará.

Así que, a la hora de defender a la escuela pública de los ataques que lleva sufriendo desde hace décadas, tenemos también tristemente que defenderla, en muchas ocasiones, de algunos de sus presuntos defensores. Buena parte de la izquierda social y política (sindicatos, familias y partidos) hace tiempo que compró un tipo de discurso pedagógico, aparentemente muy progre, que se basa en último término en el desprecio del conocimiento, conformando todo un frente que promueve lo que alguien ha llamado zangolotinismo neopedagógico y que, en el erial en el que se está convirtiendo de forma premeditada el sistema de instrucción pública, venimos sufriendo al menos desde los tiempos de la LOGSE. Y es este mal, que aqueja a la sociedad en general, el que desde otras instancias como la OCDE o la UE se alimenta con ahínco y con la complicidad de una izquierda domesticada y cada vez más desarmada intelectualmente. De ahí que el pacto educativo tenga que ser visto, si es que finalmente se materializa, con mucho recelo por parte de quienes seguimos defendiendo la importancia del conocimiento y de una sólida formación intelectual accesible a toda la población y, especialmente, a las capas más desfavorecidas, en vez de que el sistema educativo sea simplemente una industria para la valorización de un “capital humano” que deberá reciclarse constantemente en un mercado laboral marcado por la precariedad. Ya no hace falta saber cosas, sino estar psicológicamente preparado para cambiar de trabajo entre diez y quince veces a lo largo de la vida laboral. Circunstancia esta última que deberá enfrentarse, por parte de la mano de obra precarizada, con una adecuada “gestión emocional” y actitud flexible, positiva y sonriente, feliz en definitiva, para lo cual será imprescindible un adecuado entrenamiento proporcionado por el nuevo modelo escolar y sus nuevas metodologías chupiguays. Para este objetivo, desde luego, la exigencia de rigor lógico y argumentativo de las disciplinas escolares es demasiado rígida y, como suele decirse ahora, decimonónica.

Y es que algunos pensamos que, en efecto, la trastienda de dicho pacto esconde una trampa mortal para la escuela pública, que consiste en una operación de maquillaje de la LOMCE para seguir implementando las directrices educativas de la UE, con su marcado carácter mercantilista que pretende sustituir a los ciudadanos (sujetos de derechos) por emprendedores (sujetos de rendimiento, pero eso sí, felices en su carencia de protecciones y derechos). Y aquí está el problema fundamental: que al menos una parte de la PEEP (declaradamente CCOO) asume las propias directrices europeas que marcarán sin duda el pacto, las que establece la Estrategia de Educación y Formación 2020 y cuyos objetivos se pretenden alcanzar con el mismo, tal como como se expone claramente en el punto primero de la propuesta de PP, PSOE y Ciudadanos para la creación de la subcomisión parlamentaria. Así que nos encontramos con una huelga que pretende influir sobre todo en el PP y en Ciudadanos, para permitir que el PSOE haga lo que ha venido haciendo desde hace décadas: maquillar las políticas de derechas con una pátina de progresismo biempensante y políticamente correcto que sirva de vaselina para que entre mejor la disciplina de los mercados. Y para ello cuenta con la complicidad del sindicalismo claudicante y suicida y la agitación homeopática que desactive una verdadera movilización posible y tranquilice a la opinión pública hurtándole los verdaderos términos del debate. De esta manera, el día en que se anuncie el pacto podrá decirse: “En el día de hoy, cautiva y desarmada la comunidad educativa, han alcanzado los partidos y sindicatos del régimen sus últimos objetivos educativos”.

Apoyemos la huelga, trabajemos por que sea un éxito, y defendamos una educación pública digna de ese nombre; pero tengamos claro que el enemigo se oculta también, en parte, entre los convocantes porque, de lo contrario, habremos perdido la batalla por la escuela pública de antemano, si es que no lo hemos hecho ya. En fin, como decía Kortatu hace años, “aunque esté todo perdido, siempre queda molestar”. En esas estamos.

Reválidas

Ayer (10/12/2016) el BOE publicó el Real Decreto-ley por el que se amplía el calendario de implantación de la LOMCE. Las movilizaciones y la aritmética parlamentaria han conseguido retrasar la implantación de los efectos académicos de las “pruebas externas de evaluación” hasta que la nueva ley que salga del “Pacto de Estado social y político por la educación” entre en vigor.  Los objetivos que dicho pacto pretende conseguir no invitan al optimismo. Más bien cabe pensar que se tratará de una operación de maquillaje de la LOMCE que la haga más asumible mientras se pone a punto el instrumental para ajustar el sistema educativo a las demandas del mercado, que es lo que se pretende conseguir.

Se puede discutir, y se discute mucho, sobre la necesidad de establecer pruebas selectivas al final de cada ciclo (especialmente ESO y Bachillerato), sobre si dichas pruebas deben vincularse a la obtención de la titulación correspondiente o solo al acceso a ciertos estudios (universitarios o, en su caso, de bachillerato o FP), pues todo sistema educativo tiene encomendadas funciones de selección y distribución de la población estudiantil. Aquí lo relevante es si la selección es acorde con las exigencias que derivan de la igualdad de derechos (mejor que de oportunidades) y es, por tanto, justa.

Pero poco se discute sobre el contenido y formato de las pruebas y qué es lo que deben evaluar. Se ha impuesto un consenso que asume que se trata de evaluar competencias. Si se leen los borradores sobre el contenido de las pruebas se comprueba que se pretende asimilarlas (o, al menos, aproximarlas) al tipo de pruebas que constituyen la evaluación PISA. A mi juicio, este es el mayor peligro y la cuestión central que debe discutirse seriamente y con calma. Puesto que parece que el modelo PISA tiene más que ver con factores socio-económicos y de otro tipo ajenos al ámbito escolar, podría pensarse que se configura como un instrumento con una gran carga ideológica (disfrazada de neutralidad técnica). Podría pensarse, en efecto, que el modelo de evaluación que se busca pretende legitimar las diferencias de clase y las desigualdades sociales, asignando a cada cual su lugar “natural” en la sociedad según la concepción social-darwinista tan apreciada por el liberalismo económico más ortodoxo. Pero, ¿es realmente este tipo de evaluación el que queremos? ¿No es precisamente en este punto en el que nos jugamos la mercantilización de la educación? Si aceptamos acríticamente el paradigma de las competencias ¿no aceptamos también la disolución de las asignaturas en la enseñanza secundaria? ¿No abrimos la puerta a la descualificación específica del profesorado y a la creación a medio plazo de un “Grado de Profesor de Enseñanza Secundaria” de carácter generalista? ¿No supone eso el fin de la Secundaria como tal y su “primarización” definitiva?

Creo que en la oposición a las reválidas hay mucha confusión, y que eso será aprovechado para acabar de implantar los planes que los organismos internacionales (BM, OCDE, UE) tienen diseñados para los sistemas educativos. Sigo con las preguntas que me asaltan ¿Es lo mismo enseñar a futuros ciudadanos que a futuros emprendedores? ¿No tiene eso efectos para la posibilidad misma de la democracia política como sistema (al menos buscado) de gobierno? Viendo los últimos acontecimientos, creo que tenemos pendientes muchas preguntas sin respuesta y demasiadas respuestas a preguntas que no se han formulado como debieran.

A vueltas con PISA

Se ha publicado el informe PISA 2015 y se ha montado el revuelo habitual en los medios. Conviene dejar claras algunas cosas:

1º) Como ha demostrado de manera convincente Julio Carabaña, el informe de marras es completamente inútil para ayudar a mejorar los sistemas educativos. La literacia (literacy), que es lo que pretende medir PISA depende de muchos factores ajenos por completo a lo que ocurre en las escuelas. En cambio, PISA sí que es muy útil para influir en las políticas educativas en la dirección que conviene a las instancias privatizadoras neoliberales. De hecho ese es su principal propósito.

2º) Participar en PISA no sale gratis, es más, beneficia principalmente desde esta edición al grupo Pearson. El presidente ejecutivo de esta multinacional declaraba que “el mundo de la educación está cambiando rápidamente y vemos una gran oportunidad para hacer crecer nuestro negocio a través de un acceso a la educación de alta calidad en el mundo. Pearson se concentra ahora al 100% en nuestra estrategia global educativa”. Pearson diseña las pruebas y al mismo tiempo abre un importante nicho de negocio con la venta de materiales para su preparación, estrechando la concepción de lo que debe enseñarse a lo necesario para puntuar bien en PISA.

3º) El programa PISA hay que vincularlo con del proyecto DeSeCo (Definición y selección de las competencias clave). Este proyecto es uno de los factores esenciales en el proceso de homogeneización mundial de la educación que los organismos internacionales están llevando a cabo. Las reformas legislativas en materia de educación a nivel mundial incorporan el concepto de “competencias” diseñado por la OCDE, en un clarísimo intento de adaptar los sistemas educativos a las necesidades del mercado.

Cualquier valoración que se haga de los resultados y de los datos del informe deben tener en cuenta estas precisiones. En esta ocasión, y para lo que afecta a España, la publicación de los resultados ha coincidido con la creación de la subcomisión parlamentaria para el “Pacto por la educación”. Es seguro que influirá en los trabajos de la misma y, a tenor de lo anterior, no es muy aventurado afirmar que su influencia no será precisamente positiva para un posible sistema de instrucción pública basado en el conocimiento y en los principios ilustrados que, en opinión del que escribe, es lo único que podría ayudar a la mejora y el progreso de la sociedad.

¿Pacto educativo?

La subcomisión parlamentaria encargada de elaborar un documento de base para una nueva ley educativa se ha propuesto como misión “alcanzar los objetivos educativos europeos recogidos en la Estrategia Educación y Formación 2020 de la Unión Europea”. Es decir:

1.-Hacer realidad el aprendizaje permanente y la movilidad de los educandos.

Comentario: los “educandos” son toda la población que deberá acostumbrarse a reciclar continuamente sus competencias según demande el mercado laboral, para lo que es necesario el “aprendizaje permanente”. Nos vamos a inflar a hacer módulos, cursos de formación, etc. etc., para que nuestro “capital humano” no se deprecie y mantenernos empleables.

2.-Mejorar la calidad y la eficacia de la educación y la formación.

Comentario: El discurso de la calidad consiste en aplicar a la educación los métodos de “control de calidad” mercantiles, es decir, burocratización de la labor docente y pretensiones de cuantificar y medir lo incuantificable. Nos vamos a inflar a rellenar tablas de estándares y encuestas de “calidad”.

3.-Promover la equidad, la cohesión social y la ciudadanía activa.

Comentario: Lo mismo que 1, pero más bonito. Cita: “Las políticas de educación y formación deberían permitir que todos los ciudadanos […] adquieran, actualicen y desarrollen durante toda su vida tanto unas aptitudes profesionales específicas como las competencias clave necesarias para su empleabilidad, así como respaldar el aprendizaje continuo […].”

4.-Incrementar la creatividad y la innovación, incluido el espíritu empresarial, en todos los niveles de la educación y la formación.

Comentario: realicémonos todos como personas siendo emprendedores desde pequeños. Tanto emprendes, tanto vales. Seamos creativos e innovadores hasta acabar con esa cosa rancia y vetusta llamada cultura.

Final: Estos objetivos ya estaban en la LOE-LOMCE, luego ¿para qué hace falta un pacto? Pues para vendérselo mejor a la opinión pública, que con tanta Marea Verde y oposición a la LOMCE anda un tanto despistada y no se entera de que “sobran universitarios” y que hay que reciclarse todo el rato como cualquier otro residuo.

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